Tam Castrillejo Photography

Sin voz

Nunca tuve tanto que decir como cuando me quitaron la voz. Madrid, 2017.

Y es que hace unos días me censuraron en Facebook. Ya sabéis: mostré a una mujer desnuda y esta vez Facebook me castigó silenciándome por tres días. Gracias misóginos de mi muro.

Y me pasó eso que atribuyen siempre a Murphy: justo en esos días ocurrieron mil historias a mi alrededor, exposiciones y publicaciones artísticas, historias fotográficas deseosas de ser compartidas, multitud de debates sobre violaciones y juicios machistas y mil quejas por gritar… Y a mí me habían arrancado mi voz (como a Ariel, pero sin mi consentimiento)

Qué sensación más frustrante esa de no poder compartir lo que una quiere porque alguien decide silenciarte. Qué dolor no poder escupir cuando tienes tantos pensamientos (y mariposas desencantadas) por vomitar.

La parte buena de mis días silenciada ha sido una productividad que me ha sorprendido. Tal vez se avecinen próximos silencios, pero elegidos por mí.


(qué ganas de vomitar las putas mariposas)

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